¿Es vidrio o es cristal?

 

¿Conoces la diferencia entre estos dos materiales? 

¿Sabes de qué están hechos los vasos y copas en las que bebes?






Visitar cualquier fábrica es una experiencia de la que siempre se sale con información nueva, incluso sorprendente. 

En Lamiako, un barrio del municipio vizcaíno de Leioa, se asienta la única empresa de España que produce vasos y copas de vidrio, incluidos esos de una conocidísima marca de crema de cacao y leche con avellanas que llevan décadas formando parte de las vajillas de nuestro país, una vez consumido el producto. 

Vicrila, una de las compañías más antiguas del País Vasco, abrió sus puertas en 1890 y llegó a tener más de 700 trabajadores al calor de sus hornos. Tan importante fue para el pueblo que hasta figuró en su escudo. 

«Hoy empleamos a unas 250 personas que sacan adelante una producción de 400.000 vasos y copas de vidrio al día», explica su director general, Fernando Bermejillo. «O sea, de cristal, ¿no?», pregunta el visitante. «No, son cosas distintas». «¿Ah, sí? ¿Y cuál es la diferencia?». 

«Básicamente, la composición –informa Bermejillo–; al cristal se le añade plomo para darle unas características específicas, mayor transparencia y que las copas sean más finas, pero también se rompen con más facilidad».

«Mucha gente se equivoca y cree que se trata de lo mismo», confirman en Friends of Glass, plataforma de consumidores europeos a favor de los alimentos y bebidas envasados en vidrio. 

«La diferencia es una cuestión de orden. En el cristal, sus átomos y moléculas están dispuestos conforme a un sistema ordenado siguiendo unas leyes perfectamente establecidas, lo que da lugar a formas definidas con ejes y planos de simetría; en el vidrio no están sujetos a reglas, sino aleatoriamente». 

Aclaran que los cristales no pueden fabricarse, los crea la naturaleza por la cristalización de gases a presión en la pared interior de cavidades rocosas, es el caso del cuarzo. 

Por el contrario, el vidrio puede fabricarse en hornos industriales fundiendo arena de sílice, carbonato de sodio y caliza a unos 1500°C, aunque también haya vidrios naturales creados por el mismo proceso, como la obsidiana –llamada vidrio volcánico, formado por el calor en el interior de los volcanes– o la fulgurita –resultante de la caída de un rayo en la arena–.


Reciclado íntegro


«Los envases para alimentación –aclara Friends of Glass–, concretamente botellas y tarros, son siempre de vidrio. 

Actualmente, gracias a que el vidrio se puede reciclar íntegramente, es decir, volver a fundir sin pérdida de cantidad ni calidad, los fabricantes también incorporan vidrio reciclado triturado, denominado calcín, en sus hornos para crear nuevos envases. De esta manera se ahorra materia prima y energía». 

Pero a algunos de esos vidrios se les añaden metales pesados como el plomo para dar brillo, sonoridad y finura a los productos, especialmente a platos, vasos y copas, y entonces se le llama cristal. 

Explican en Friends of Glass que esto es lo que induce a confusión: «La legislación española admite llamar cristales a los vidrios que incorporan en su composición al menos el 24% de óxido de plomo, aunque en rigor sigan siendo vidrios. En resumen, en casa tenemos botellas y tarros de vidrio, pero copas y vasos de cristal. Y en los contenedores verdes únicamente se debe introducir envases de vidrio».







Aunque no es tan sencillo porque no siempre es así: hay copas y vasos, como las que se fabrican en Vicrila, que sí podemos y debemos tirar al contenedor verde porque son de vidrio. 

¿Cómo saber si son de uno u otro material? Golpeando su borde con el dedo. Si surge un 'cling' corto, es vidrio, pero si ese mismo sonido se prolonga en el tiempo y tiene una sonoridad especial, delicada, se trata de cristal. Y no irá al contenedor verde de reciclaje de vidrio, sino a un punto limpio.

En Vicrila los hornos están en funcionamiento las 24 horas los 365 días del año. «Esto no para nunca», dice Bermejillo. 

Con los bares cerrados o a medio gas por la pandemia, su producción se ha visto resentida, pero lo compensan con sus exportaciones a medio mundo, que alcanzan ya el 40% de sus ventas. Enseña la composición de sus piezas: cobalto, aluminio, caliza, dolomía, selenita, arena, sulfato sódico, carbonato de sosa y calcín o vidrio reciclado. 

Más agua y gas como energía. Montones de calcín pueden descubrirse por toda la planta, a la espera de dar vida a nuevas piezas. «Todas las que se rompen, las partes sobrantes y las que no vendemos al momento vuelven a reutilizarse para formar nuevas piezas. 

Y solo usamos nuestro propio vidrio, porque el que viene de los contenedores tiene muchos colores mezclados y nuestros vasos y copas son incoloros, menos los que decoramos con los motivos que nos piden, como esos vasos de crema de avellanas que a veces publicitan películas o que sacan series decoradas». Otro de sus productos estrella son los vasos para velas. «Se venden a millones», dice.

Beatriz Egido, directora de Comunicación Corporativa y Responsabilidad Social de Ecovidrio, entidad sin ánimo de lucro encargada de gestionar el reciclado de todos los residuos de envases de vidrio de España, aclara que todos aquellos envases de alimentos con tapa, como conservas, aceite, miel, cerveza, vino, licores... y también cremas de la cara y los perfumes son de vidrio. 

«La tapa la tiraríamos al contenedeor de envases, el amarillo, y el vidrio al verde, aunque tampoco debemos preocuparnos si echamos la tapa, es muy fácil quitarla en las plantas de reciclado. Lo único, que si el consumidor lo quita antes, el medio ambiente se ahorra la energía que necesitaremos para trasladar esas tapas a otras plantas de reciclado de envases».

Sin embargo, las copas y vasos que tenemos en casa, que suelen ser de cristal –la hostelería prefiere las de vidrio al ser más resistentes–, así como la vajilla deberían ir a los denominados 'puntos limpios' de recogida, «pues en teoría no se deben mezclar con el vidrio –insiste Egido–. Aunque como el cristal lo usamos en mucha menor medida, aunque llegue una pequeña proporción de cristal entre el vidrio se reciclará igual. Pero si hubiera mucho cristal, al fundir, ese plomo que tiene se vería en forma de inclusiones, como manchitas, porque tiene diferente punto de presión, y podría hacer estallar los envases y dañar el proceso de circularidad. En el caso de los platos de cerámica, podría dar incluso más problemas porque al ser barro se convertiría en una especie de arenilla que podría estropear el trabajo».

En cualquier caso, Egido defiende el vidrio como material sostenible, ya que es reciclable al 100% y además inerme: «No contamina los alimentos que protege y tampoco daña el medio ambiente. No debemos abandonar nunca uno de estos envases en la naturaleza, pero si lo arrojáramos en el campo o en el mar, sería en realidad como si tiráramos una piedra, no afectaría al entorno».


Solo 4 fábricas en el mundo


Dentro de la fábrica de Vicrila, la actividad es febril, 100 piezas salen de aquí al minuto. Los operarios que trabajan cerca de los hornos que vierten la mezcla fundida en los moldes (los clientes pueden pedir sus preferencias de forma), soportan el ruido y las altas temperaturas que necesita este proceso. 

Luego las piezas son sometidas a la fase de templado: «Solo 4 fábricas en el mundo lo hacen –informa el director general–, y este proceso le da a la pieza hasta cinco veces más vida útil, resulta mucho más resistente». 

Nuevas máquinas adquiridas dan a las piezas un acabado más fino, un borde sin tanto grosor, por ejemplo, y finalmente son envasadas en cajas que serán recogidas por los camiones en dirección a distintos destinos del planeta. 

O al bar de la esquina. «Nuestros principales clientes son los hosteleros, pero cada vez más casas prefieren tener nuestros vasos y copas».



No es vidrio todo lo que reluce

Ecovidrio explica en su página web que en el contenedor «solo se recoge un 2% de 'impropios', materiales que no deberían estar ahí: bolsas de plástico, envases ligeros, platos y vajillas...». 

España recuperó en 2020 un total de 850.000 toneladas de vidrio, 61 envases por persona (17,8 kilos). Así, evitó la emisión de CO2 equivalente a dar 133 veces la vuelta al mundo en avión por el ecuador. 

El contenedor verde es para tarros, frascos, botellas y botellines, envases de cremas de cara y perfumes. También copas y vasos de vidrio. 

Pero no debemos arrojar a su interior cristales de ventanas rotas, espejos, copas y vasos de cristal, bombillas, platos y otros objetos de cerámica o porcelana, placas de vitrocerámica, envases con medicamentos como puedan ser jeringuillas de cristal... 

Y debemos quitar los tapones.



























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