Sin barra no hay txikiteo

 

La prohibición de consumir junto a la barra y en la calle, salvo en las terrazas, ha reducido el poteo clásico a la mínima expresión. ¿Pero qué será de él tras la pandemia?


La prohibición de consumir junto a la barra ha alejado a muchos txikiteros de los bares y restaurantes bilbaínos./Luis ángel gómez
La prohibición de consumir junto a la barra ha alejado a muchos txikiteros de los bares y restaurantes bilbaínos. / LUIS ÁNGEL GÓMEZ
Luis Gómez
LUIS GÓMEZ
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Con muchos hosteleros con el agua al cuello por culpa de la pandemia, el txikiteo, o lo poco que queda de él, vive sus momentos más amargos y ve cada día más comprometido su futuro. Se acabaron las rondas de bar en bar. Por no hablar de aquellas bilbainadas que acompañaban la banda sonora de tantos cosecheros. El poteo ha quedado reducido a la mínima expresión al restringir el Gobierno vasco el consumo en los interiores de los locales desde las 9.30 horas hasta la una de la tarde y desde las 16.30 en adelante. Eso, salvo que los hosteleros dispongan de terrazas, un lujo exótico para muchos en tiempos de coronavirus.

Sentarse es una terraza se ha convertido en una misión complicada.
Sentarse es una terraza se ha convertido en una misión complicada.

Félix Parte, dueño del grupo de restauración La Olla, asegura que, con el txikiteo por los suelos, las recaudaciones han bajado de media hasta un 70%. «Una barbaridad. Nos ha afectado, y bien, a todos», se queja. «Sin barra no hay txikiteo», corrobora Susana Martínez, la propietaria del Lasa de la calle Diputación. Las tradiciones, entiende, están para respetarlas y los tintos, blancos «o lo que sea» son para tomarlos en compañía y de pie. «Pero dentro del bar o en la calle, no para estar sentados en una mesa, ya sea en el interior del establecimiento o en una terraza. Al final, la gente lo que quiere es estar pegado a la barra o fuera, pero ahora no nos dejan. A los clientes no les gusta nada que les sientes. Luego, además, tienes que salir y pelearte por encontrar sitios en los veladores. Esta parte, creo, nos da pereza a casi todos», explica la hostelera.

«En 4, 6 u 8 bares»

Ya lo recordaba Moisés San Pelayo, de 70 años y secretario de la taberna La Peña del Athletic, en el último 'Txikiteroen Festa': «Al txikitero le gusta tomar un pote en cuatro, seis u ocho bares y no tomarse dos o tres vinos en uno y marcharse a casa. Que nos va a venir bien beber menos para vivir unos años más, sí, pero qué aburridos, ¿no?», ironizaba.

Las nuevas generaciones son de cerveza y de sentarse en una terraza, no de ir de un sitio a otroCAMBIO DE HÁBITOS

Y no anda del todo desencaminado. Suscribe lo dicho al pie de la letra Marino Montero, uno de los personajes más populares de la villa. «El txikiteo nació para juntarte y compartir la vida con las cuadrillas. Te hace sentirte parte de una comunidad y es fundamental para mantener el buen espíritu, pero ahora es más difícil porque encontrar terrazas para todos es imposible. Además, no se bebía tanto. Lo que ahora entra en una copa, antes te lo bebías en tres 'dedines'», bromea.

El problema, siendo grave, esconde un trasfondo todavía más preocupante. La pregunta que se hace mucha gente y. sobre todo los empresarios, es si el poteo persistirá tal y como lo conocemos. Joserra Taranco, jefe de Patrocinios de Laboral Kutxa, entidad que organiza el Día del Txikiteo y la romería de la Virgen, lo tiene claro: «El 'terraceo' ha llegado para quedarse y no moverse», sentencia. ¿Pero eso conllevará la eliminación del txikiteo tradicional? «Va a a desaparecer, entre otra cosas, porque las generaciones de ahora son de cerveza y de sentarse. Lo de levantarse para ir de un sitio a otro... Esas cuadrillas que tomaban en un bar y en otro, eso se ha acabado, especialmente en los barrios, porque la gente, además, se ha hecho mayor», argumenta. Pero también porque supone un «importante» gasto y la gente prefiere «ahorrar para irse de vacaciones en vez de dejarse el dinero en vinos. ¿Que pasas un rato desconectado de tus preocupaciones diarias mientras charlas del Athletic y la familia? Bien, pero esto se acaba», reitera.

Porque barato, desde luego, no sale ir de potes. Boni García, uno de los hosteleros más conocidos de la villa y custodio de la 'Hucha Txikitera', donde se depositan las «perras sobrantes» de la rondas y cuyos fondos se destinan a Cáritas, pone precio: txikitear en el centro de Bilbao sale «10 euros» frente a los 5 o 6 que cuesta «en los barrios». También justifica el desapego de los chavales hacia el poteo por los cambios sociales. «Los jóvenes han desaparecido del día a a día de la hostelería, porque solo salen los viernes a la tarde, el sábado y los domingos a la mañana».

También influyen los hábitos de salud. «Una cosa es tomarte dos o tres vinos y otra, 12, como sucedía antes. Las nuevas generaciones han cambiado el vino peleón por uno de más callidad», expone Parte. Héctor Sánchez cree que, en cuanto se levanten las restricciones, la gente volverá porque hay cosas que van «en nuestro ADN». Extremo que comparte Marino Montero: «Al final somos animales sociales y la gente va a querer salir». «Nos gusta salir con los amigos y tomar vinos, pero en la calle y de pie», comparte Susana Pérez.



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